Monumento a la Raza Indígena
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En la glorieta norte de Tunja, dos grandes figuras de piedra cuentan uno de los episodios más dolorosos de la conquista: un hombre caído, el zaque Aquiminzaque, último señor muisca de Hunza, y una mujer de pie, Adeizagá, hija del cacique de Gámeza y su prometida. La historia se remonta a 1540, cuando los españoles interpretaron como un acto de rebelión la concurrida ceremonia convocada para la boda de Aquiminzaque. Por orden de Hernán Pérez de Quesada, el zaque y varios caciques aliados, entre ellos los de Toca, Samacá, Turmequé, Suta y Boyacá, fueron decapitados en la plaza mayor de la Tunja colonial, frente a la picota, símbolo de la justicia española. El conjunto es obra del escultor Miguel Sopó Duque y data de 1964. Según contó el propio artista a El Tiempo en 2007, el proyecto original tenía tres figuras de unos cinco metros: a las dos de piedra debía sumarse el cacique Tundama en bronce, que por falta de presupuesto no había podido instalar. Es un monumento urbano al aire libre y de acceso libre, que se contempla desde la glorieta y sus alrededores. Combínalo con un recorrido por el centro histórico, a poco más de un kilómetro hacia el sur.







