Monumento a los Zapatos Viejos
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Al pie del Castillo de San Felipe, dos enormes botas de bronce, una de pie y otra tumbada, esperan a los visitantes con cordones y todo. Son los Zapatos viejos, el homenaje de Cartagena a su poeta Luis Carlos López y una de las fotos obligadas de la ciudad. La idea viene del poema "A mi ciudad nativa", en el que López compara el cariño que siente por Cartagena con el que uno le tiene a un par de zapatos viejos. En 1954 el escultor Tito Lombana propuso al alcalde Vicente Martínez Martelo un monumento distinto: no una estatua solemne, sino unos zapatos gigantes y gastados, hechos en cemento, alambre y hierro. Al anunciarse en 1957 desató polémica y fue tildado de "adefesio". Con el tiempo, ese antimonumento se volvió un símbolo querido de la ciudad. En 1994, por la construcción de una avenida, hubo que trasladarlo. La pieza original estaba muy deteriorada y el escultor Héctor Lombana, hermano de Tito, la reemplazó por la réplica en bronce que se ve hoy. Información práctica: está al aire libre en el barrio Pie del Cerro, detrás del Castillo de San Felipe de Barajas. La visita es gratuita y se puede combinar con el recorrido por el castillo.







