Castillo de San Felipe de Barajas
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Desde lo alto del cerro de San Lázaro, a unos 40 metros sobre el nivel del mar, el Castillo de San Felipe de Barajas vigila el acceso por tierra a Cartagena. Su origen es modesto: un fuerte de ocho cañones que el gobernador Pedro Zapata terminó el 12 de octubre de 1657 y bautizó en honor del rey Felipe IV y de sus antepasados, los condes de Barajas. El barón de Pointis lo rindió en 1697, y desde entonces fue reforzado una y otra vez. En 1741, a los pies del cerro, fue derrotado el ejército del almirante Edward Vernon, una victoria que evitó la toma de la ciudad. Tras la caída de La Habana en 1762, el ingeniero Antonio de Arévalo lo rodeó, hasta 1769, de las baterías de San Carlos, Los Apóstoles, El Hornabeque, La Cruz, La Redención, Santa Bárbara y San Lázaro, con 63 cañones, y lo dotó de galerías, cuarteles subterráneos y aljibes. Qué ver: las rampas y baterías escalonadas, los pasadizos y galerías excavados en el cerro, y las vistas sobre la ciudad amurallada y la bahía. Desde 1984 forma parte del 'Puerto, fortalezas y conjunto monumental de Cartagena', Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Práctico: abre todos los días de 7:00 a 18:00. Entrada 2026: COP 38.000 tarifa plena y 33.000 para colombianos; los colombianos entran gratis el último domingo de cada mes, salvo enero y diciembre. Se pueden contratar guías en la taquilla. Lleva agua y gorra: hay muchas rampas al sol.







